tan cerca...
... y tan lejos!
implacable
la reja de nuestra cultura
de miradas de vergüenza
del no divino sobre todas las cosas
de la represión
desde nuestro más tierno infantil recuerdo juntos
(que ya entonces era distante)
nos
separa
lunes, 6 de abril de 2009
martes, 10 de marzo de 2009
hago música porque
hago música porque no puedo hablar
y la música dice lo que yo no digo
por mí
creo en mi interior un universo
pictórico de sonidos
a veces colorido, muchas negro y gris rallado
como el arañar de uñas sobre la pizarra
el trazo múltiple de paralelismo desordenado
de la letra rasgada
en el interior del cristal de un vagón de metro
nocturno
pero aquí dentro todo es agrio
crudo, sórdido o estridente, desgarrado;
negro ténebre
o blanco deslumbrante,
sin tonos intermedios
sin matices
dentro tengo una bestia sanguinaria sin escrúpulos
que muestra externamente una falsa pose
elegante y cautivadora
desde el siglo de mis ancestros
las bestias ineducadas
de ahí, de ese cáliz bebe
la música manando
a borbotones
de la sangre de mi carne
de mis vísceras vivas despiezadas,
un amasijo de cólera y polvo de dentera
hierro de desprecio
odio y guerra ira
que caen sobre tu dulzura
como el filo del cuchillo del carnicero
contra el acero
a través de músculos y tendones
de quien hace apenas horas
se lamentaba
de haber perdido la vida
(y quizá dos dedos
en uno de estos golpes)
sólo esto es lo cierto que oirás de mí
si no el silencio
y la música dice lo que yo no digo
por mí
creo en mi interior un universo
pictórico de sonidos
a veces colorido, muchas negro y gris rallado
como el arañar de uñas sobre la pizarra
el trazo múltiple de paralelismo desordenado
de la letra rasgada
en el interior del cristal de un vagón de metro
nocturno
pero aquí dentro todo es agrio
crudo, sórdido o estridente, desgarrado;
negro ténebre
o blanco deslumbrante,
sin tonos intermedios
sin matices
dentro tengo una bestia sanguinaria sin escrúpulos
que muestra externamente una falsa pose
elegante y cautivadora
desde el siglo de mis ancestros
las bestias ineducadas
de ahí, de ese cáliz bebe
la música manando
a borbotones
de la sangre de mi carne
de mis vísceras vivas despiezadas,
un amasijo de cólera y polvo de dentera
hierro de desprecio
odio y guerra ira
que caen sobre tu dulzura
como el filo del cuchillo del carnicero
contra el acero
a través de músculos y tendones
de quien hace apenas horas
se lamentaba
de haber perdido la vida
(y quizá dos dedos
en uno de estos golpes)
sólo esto es lo cierto que oirás de mí
si no el silencio
sábado, 28 de julio de 2007
desierto el mundo, despoblado el cielo
me sumerjo en la composición de un cuarteto con piano y clarinete
saco del cajón del olvido temas dolentes y pesantes que quieren alargarse y derramarse solos
inspirado en un texto de rosalía de castro
en un día vacío, de abandono,
en un bello desastre
(todo se ha removido por dentro,
pero esta noche he vuelto a volar)
(c) Guillermo Bautista
saco del cajón del olvido temas dolentes y pesantes que quieren alargarse y derramarse solos
inspirado en un texto de rosalía de castro
en un día vacío, de abandono,
en un bello desastre
(todo se ha removido por dentro,
pero esta noche he vuelto a volar)
(c) Guillermo Bautista
jueves, 26 de abril de 2007
la memoria...
la memoria...
siempre que pienso en las cosas bellas a recordar me arrastra una espiral de vértigo...
pienso en lo breve de mi existencia y en lo sencillo que es detener algo tan complejo como nuestra vida, en cómo la muerte con toda tranquilidad es capaz de desconectar para siempre el amasijo interminable de conexiones neuronales, pensamientos, ideas, recuerdos, ecuaciones diferenciales resueltas... simplemente un día, en un solo instante
me asalta entonces la necesidad de dejar algo, de aferrarme a esa absurda idea de perpetuarse en la tierra más allá de tus días a través de tu recuerdo y de tus obras... y entonces mi cabeza, que siempre corre más que yo, ya ha saltado unos cuantos siglos más allá: cuando ni mis sobrinos (por hijos) ni los hijos de mis sobrinos se acuerden de mí, cuando de verdad nada quede de mí en la memoria de la tierra
quizá aún -pienso con ilusión infantil-, si me empeño en ello, alguien lea o escuche entonces algo que yo haya escrito o grabado; si me convirtiera con el tiempo en un compositor ejemplar admirado a lo largo de los siglos... pero mi cabeza siempre corre más, y avanza vertiginosamente por el tiempo y me lleva a una nueva era en la que la humanidad, una especie más sobre un planeta más, ha desaparecido, tan tranquilamente como el tiempo detendrá mi corazón, como al rascarme la nariz ingenuamente termino hoy con la vida de tantas células de mi cuerpo, tan vitales hasta el instante precedente
y en mi mente, que siempre corre más, sólo queda un desierto, polvo, la luz del sol que se va desvaneciendo como una estrella perdida en el universo que también se extingue
y sólo entonces, cuando mi mente ya no tiene donde ir, me quedo tranquilo, y voy a la nevera a ver si hay suerte y quedan un par de onzas de chocolate
siempre que pienso en las cosas bellas a recordar me arrastra una espiral de vértigo...
pienso en lo breve de mi existencia y en lo sencillo que es detener algo tan complejo como nuestra vida, en cómo la muerte con toda tranquilidad es capaz de desconectar para siempre el amasijo interminable de conexiones neuronales, pensamientos, ideas, recuerdos, ecuaciones diferenciales resueltas... simplemente un día, en un solo instante
me asalta entonces la necesidad de dejar algo, de aferrarme a esa absurda idea de perpetuarse en la tierra más allá de tus días a través de tu recuerdo y de tus obras... y entonces mi cabeza, que siempre corre más que yo, ya ha saltado unos cuantos siglos más allá: cuando ni mis sobrinos (por hijos) ni los hijos de mis sobrinos se acuerden de mí, cuando de verdad nada quede de mí en la memoria de la tierra
quizá aún -pienso con ilusión infantil-, si me empeño en ello, alguien lea o escuche entonces algo que yo haya escrito o grabado; si me convirtiera con el tiempo en un compositor ejemplar admirado a lo largo de los siglos... pero mi cabeza siempre corre más, y avanza vertiginosamente por el tiempo y me lleva a una nueva era en la que la humanidad, una especie más sobre un planeta más, ha desaparecido, tan tranquilamente como el tiempo detendrá mi corazón, como al rascarme la nariz ingenuamente termino hoy con la vida de tantas células de mi cuerpo, tan vitales hasta el instante precedente
y en mi mente, que siempre corre más, sólo queda un desierto, polvo, la luz del sol que se va desvaneciendo como una estrella perdida en el universo que también se extingue
y sólo entonces, cuando mi mente ya no tiene donde ir, me quedo tranquilo, y voy a la nevera a ver si hay suerte y quedan un par de onzas de chocolate
sábado, 23 de diciembre de 2006
el camino de mi vida (ossia la luz de diciembre)
como no sería yo si no sobrepasara los límites, si no llegase al extremo, hace años que opté por abandonarme a la esencia de mi ser, dejar de lado la lucha en favor del conocimiento pasivo de lo primordial, permitirme de una vez por todas ser aquello que llevo impreso en la sangre y en cada célula de mi cuerpo sin intentar modificarlo: sólo descubrirlo, tener el enorme valor -que no sé si alguna vez lo tuve- de reconocer la naturaleza de mis miserias y mi mezquindad, de enfrentarme a ellas cara a cara sin odiarlas ni despreciarlas, quién sabe si incluso amándolas... (¿)
¿dónde estoy ahora? no lo sé, creo que en mitad de la senda del abandono, la que tuve que recorrer sin rumbo para lograr quedarme desnudo de todos los axiomas morales que condicionaban mi camino y prohibían mi amor hacia lo que no era bello de los demás; hacia mí ()
algunos días, como hoy, creo ver entre la niebla de mi memoria el principio de ese camino que quizá una vez comencé, pero nunca logro recordar cuándo mi rumbo se perdió en la bruma, en el páramo, hacia el eterno bosque invernal de la desidia deshojada
es un lugar extraño: a veces duro, pero de una belleza hiriente que sólo desvela la luz sesgada del sol de diciembre. algunas veces me asusta tanto frío. tanto tiempo. tanta ausencia. pero en días como hoy también sé que llegará el tiempo en que descubriré que la hojarasca por la que discurren mis pasos sin saber, se convertirá con la mirada del tiempo en el camino de mi vida; ya lo es
y entretanto, en días como hoy, esperaría a la noche para pasar todas sus horas abrazado a ti, ambos recostados sobre nuestro flanco derecho, un brazo bajo tu cuello, mis dos manos en tu costado izquierdo, sobre la cintura; y cuando amaneciese desperdiciaría el resto de las horas hasta cumplir las veinticuatro del olvido del día: la luz del sol de diciembre hiere demasiado, hay que beberla solo.
¿dónde estoy ahora? no lo sé, creo que en mitad de la senda del abandono, la que tuve que recorrer sin rumbo para lograr quedarme desnudo de todos los axiomas morales que condicionaban mi camino y prohibían mi amor hacia lo que no era bello de los demás; hacia mí ()
algunos días, como hoy, creo ver entre la niebla de mi memoria el principio de ese camino que quizá una vez comencé, pero nunca logro recordar cuándo mi rumbo se perdió en la bruma, en el páramo, hacia el eterno bosque invernal de la desidia deshojada
es un lugar extraño: a veces duro, pero de una belleza hiriente que sólo desvela la luz sesgada del sol de diciembre. algunas veces me asusta tanto frío. tanto tiempo. tanta ausencia. pero en días como hoy también sé que llegará el tiempo en que descubriré que la hojarasca por la que discurren mis pasos sin saber, se convertirá con la mirada del tiempo en el camino de mi vida; ya lo es
y entretanto, en días como hoy, esperaría a la noche para pasar todas sus horas abrazado a ti, ambos recostados sobre nuestro flanco derecho, un brazo bajo tu cuello, mis dos manos en tu costado izquierdo, sobre la cintura; y cuando amaneciese desperdiciaría el resto de las horas hasta cumplir las veinticuatro del olvido del día: la luz del sol de diciembre hiere demasiado, hay que beberla solo.
miércoles, 22 de febrero de 2006
h...(?)
no deseo pero sí supongo que allí, como aquí, el invierno se resiste a morir y se empeña en asestar frías cuchilladas a una primavera que, como un aborto, nace ya desangrada y a jirones sobre la tierra seca
Suscribirse a:
Entradas (Atom)